GDC

Recuerdas esas iniciales en una caja navideña? O ese nombre de contacto en mi teléfono?

Ojalá leas esto… ojalá sepas que para mi nunca fuiste una hoja en blanco, fuiste tantas palabras que la cifra se perdió entre muchos números, fuiste el llanto, la risa, las mariposas en el estómago, fuiste las ganas de ser mi todo, fuiste la manera más frustrante de la vida en demostrarme una vez más que el amor no lo puede todo.

Perdona mis arrebatos, mis torpes intentos y equivocadas maneras de alejarme de ti, pero es que si te tengo cerca, no razono.

Y puedo decirte tantas cosas más, que te quiero que te extraño y te necesito en mis días, en mis noches y sobre todo en mi vida, que quiero verte feliz, quiero seguir viendo como disfrutas la comida y pides el segundo plato, quiero fingir contigo una voz con tono chiqueado y acento tan nuestro, quisiera ver tus nuevos muebles y esa manta de colores que daría vida a tu nuevo hogar, quisiera poder hacerte el desayuno y llevarlo a la cama en tus noches de insomnio, no quiero dejar de escuchar tus chistes o tus recientes búsquedas en youtube, no quiero volver a escuchar nunca que podemos ser los mejores amigos, cuando tu piel y la mía aún tienen ganas de fundirse en unas sabanas a media luz

Ojalá leas esto

Fuiste, eres y serás, siempre.

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Bip Bip

No puedo decir que he vivido lo suficiente para recordar con exactitud “otros tiempos”

Pero tengo la noción de aquellos días donde un teléfono no formaba parte del tiempo invertido en el día.

Aún tengo fresco el momento donde divertidas mis amigas y yo intercambiábamos pequeños papelitos con el chisme de la semana en la universidad, lo que hoy serian los grupos de whatsapp, a lo lejos se distinguían los primeros sonidos de la perdida de las letras en aquel bip bip de blackberry, aun nos manteníamos ajenas a ello; que tal los días de fiestas decembrinas donde con gusto compartíamos en la tv a mi pobre angelito y aunque viendo una pantalla fija todos compartíamos el mismo momento, podría ser también los viajes  donde buscar una red wifi se usaba únicamente para comunicar a nuestros familiares que estábamos bien y no para hacer “check in” o los kilómetros recorridos en una ciudad desconocida.

¿Lo más triste? Se perdió el romanticismo, aún más, de lo perdido ya.

Se acabaron las cartas a puño y letra (con orgullo puedo presumir que poseo dos maravillosos tesoros de largas paginas y tupidas letras) terminaron las conversaciones cara a cara para solucionar conflictos (ahora podemos dar largos argumentos cargados de resentimiento en whatsapp) se extinguieron las visitas sorpresas y la vergüenza de salir en pijama o con tu ropa de basurero al encontrar en la puerta esa visita anhelada, ahora solo consta de una cita en el calendario y un posiblemente se lleve a cabo si no es que se cancela a última hora.

El contacto ahora se pierde borrando 10 dígitos de esa pantalla traicionera y carente de vida acompañado de un largo mensaje en whatsapp que si no eres lo suficiente valiente bloqueas el remitente para no escuchar lo que el otro tiene que decir y hasta luego.

Ahora poner tierra de por medio solo implica cortar el contacto virtual, la gente ya no lucha por lo que ama, ya no existe esa gente loca que corre a buscarte porque sabe donde encontrarte… Hoy por ejemplo estaba comiendo cuando alguien me dijo que me esperaban en la recepción, a pasos cautelosos me aproxime a esta con el estomago hecho nudo, pensando que quizás, que probablemente podría ser esa persona, pero no, era solo un mensajero con un sobre sin importancia alguna.

Ya no importa que sepan tu dirección, las flores ya no llegan a la puerta del domicilio, no importa que sepan donde trabajas, no se van a parar a tu escritorio con una explicación en los labios.

Ya no son necesarios los kleenex en el bolso de mano, las despedidas ya no llevan de por medio lagrimas y en consecuencia no necesitan un pañuelo para secarlas.

El amor se ha vuelto un timbre especial en el teléfono, un café cada quince días si bien te va y una cena de vez en cuando, te recuerdo el aniversario y mañana si te vi, ni me acuerdo, un te amo con caducidad de seis meses y te olvido en cuestión de dias.

Fuimos letras, seremos recuerdos perdidos en la red de bip bip que ya no llegaran a su destino.

Denny’s

Nunca entendí porque le gustaban esos restaurantes fríos, con comida a medio hacer y un tanto insípida, colores llamativos y uniformes graciosos en los meseros, a mi me gustaba él y por eso siempre le veía en ellos, en sábado pasadas las 9 de la noche cuando su día estaba por terminar,

Siempre llegaba con un hambre abismal y me contaba como se había saltado cada comida religiosamente para llegar hasta ese momento y pedir una orden doble de enchiladas…

Le extraño y es que apenas y me he decidido dejar de verle y aquí me encuentro de frente a esos lugares persiguiendo fantasmas y viendo a lo lejos un denny’s que asoma su nariz recordándome que en él fue la última vez que le vi, y quizás la definitiva.

Castillos en el aire



¿A dónde va el amor que no se consume y quema por dentro sin vías de salida?

¿A dónde van los planes que nacieron día tras día y nunca se llevaron a cabo? 

¿A dónde va el amor que no se le termina, pero le cortan las alas sin poder volar?

¿A dónde se van las ganas de querer amar a alguien para toda la vida y caminar de su mano hasta que las arrugas sean visibles en la piel y las grietas del rostro marquen las sonrisas que crearon juntos?

¿Dónde escondes el mapa de los lugares que estuvieron juntos y ahora acuchillan el alma cada vez que los pies se posan sobre las calles sin vida y cuyos márgenes proyectan fantasmas

¿Dónde guardas la impotencia de seguir luchando contra lo que ya esta muerto y te aferras a conservar como si aun estuviese vivo? 

A donde van los recuerdos cuando vives en ellos y la realidad solo es un mundo alterno.

A donde van las historias que no se concretan cuando todos los días me encuentro aquí, haciéndoles castillos en el aire.

Al calor de las brasas

Los leños se fueron consumiendo uno a uno al calor de unas brazas que ardían, uno a uno tal cual los días del calendario cuyos números corrieron sin cesar al pasar de los meses.

Era un 24 de diciembre y me encontraba rodeada de familia pensando en todo y nada, en cómo podía seguir creyendo en una historia tan acabada como las cenizas grises a la orilla de la chimenea, pero ahí estaba él, una vez más asomando la luz de su mirada en este túnel que cave tan profundo y con tan poca luz, que me ha sido imposible salir de el.

Calentaba mis pies lo más cerca posible del fuego y comparaba la sensación con aquellas primeras citas un año atrás, donde simplemente no pude alejarme demasiado de las llamas, no estuve satisfecha hasta haberme quemado por completo y ahora estoy aquí mirando las heridas a rojo vivo de un amor cuyo futuro nunca existió y cuyas marcas surcaron un camino que a la fecha no ha logrado mudar de piel.

Hace frío pero se vive, con la mirada baja pero el espíritu alto, con las ganas e el sueño pero un ánimo que empuja,

Hace frío aquí pero se vive y a un costado de la fogata siento que estoy viva, que cada leño fue un día que ya pasó y están por venir 365 más, para equivocarme o acertar, para reír o para llorar pero siempre para contar una nueva historia y darle vida a unos cuantos párrafos que en conjunto creen una historia a juego de una vida con bajos y con altos, como los de tantos más que habitamos esto que llamamos vida.